martes 9 de agosto de 2011

Ropa sucia

Ropa sucia, los momentos oscuros, aquello que no queremos recordar, pero sabemos que está ahí. Lo que aún nos muerde, desde lejos. Sí, es aquella melancólica y difusa tarde de sábado en cafetines de suburbios, enredado en una charla con tipos difíciles, voluntades heridas y deseos imprecisos, tan perdidos como yo, tan inclasificables como era yo entonces. La ropa sucia que se amontona por los rincones, encima del sofá, junto a la nevera, en el pasillo, dónde sea. Y no te deja vivir, parece que ha pasado, pero sigue ahí, sucia y vindicativa, espera su turno, su turno de agua y detergente, el que nunca llega. Parece que sigue ahí, que no acaba, aunque creas que ha pasado. Te dices que eras otro, más joven, más inconsciente, menos exigente con tu tiempo, que ya te parecía inagotable, que ya te parecía un océano de tiempo inconmensurable. Entonces. Has subido a lo alto del calmo collado, y ya no opinas que tu tiempo sea ese mar de tiempo infinito; desde tu altura sólo contemplas el infortunio de aquellas tardes melancólicas junto a tipos tan extraños como tú. Los tipos tal vez han muerto o se han marchado a vivir a Varsovia, o les tocó la Primitiva y se compraron un yate. Da igual. Para ti dejaron de existir; todo ha dejado de existir. Escenificas la vida de otro que se pudo parecer al que alguna vez deseaste ser. Todo ha dejado de existir, salvo acaso aquel escenario melancólico y extraño que se te repite en los sueños, es la ropa sucia que tienes pendiente, la que sabes que nunca quedará limpia.

(C) 2009, Rafael Ramírez Escoto

Textos y material gráfico son propiedad de su(s) autor(es) y están protegidos por las leyes vigentes.