
Quizás este sea el inminente e inevitable futuro (¡ah!, a cuántos oí renegar de Internet y de la informática en general a finales de los 90, y ahora ahí están todo el día delante de la pantalla quemando la conexión). Dentro de poco los veremos enfrascados en la lectura de sus libros electrónicos. No obstante, de sabios es rectificar.

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