sábado 14 de noviembre de 2009

Galdós

Me gusta esta foto de Galdós. Se le ve hecho todo un hombre. Sin arrogancia, pero firme en su gesto; es el gesto del que se ha ganado un sitio de justicia y honor en los libros de texto. Es el gesto que pondría ante la cámara alguien que ha vivido mucho, alguien que ha sabido sacarle el tuétano a la vida. Su indumentaria es justamente la de un novelista, uno de los grandes, un corredor de fondo, capaz de llenar hojas y hojas con nombres de calles, de tipas pintarrajeadas, de fulanos engalanados y jactanciosos, de fachadas moribundas y grises tardes sin consuelo.

No hay quizás en toda la historia de la literatura española alguien más grande que Galdós. Todos, hasta el propio Cervantes (tan ridículo con su gorguera), lo envidian. Borges, en el fondo, quería ser de mayor como Galdós, pero no tuvo el arrojo de echarse a la calle a examinar con detalle las fisuras sucias de la realidad, era demasiado relamido y fantasioso. Mientras Borges imaginaba a una fría Ulrica en un mundo de complejidades matemáticas, Galdós retozaba a gusto en El Retiro con la maciza de la Pardo Bazán, y, tierna, ella le susurraba en el lóbulo "meu rantonciño".

Es soberbia la gorra que cubre ese insigne cráneo lleno de tramas tremendas. Ahora comprendo por qué los jovenzuelos del 98 rechinaban los diente; todavía nos llegan los chirridos de aquel mentecato que le endilgó lo de garbancero (¿Quién? ¿El de la boina y bufanda sempiternas o el gallego ceceante?). Y ahora comprendo por qué esos vikingos descoloridos no le reconocieron su grandeza otorgándole el Nobel. Y menos mal que no se lo dieron, visto lo visto. A Borges le faltó un pelo de la cabeza para que se lo dieran. También me alegro de que se lo escamotearan. A los elegidos no les hace falta ese apretón de manos del monarca sueco. Ellos están arriba, en sus apartamentos del Parnaso, y mirando hacia abajo, desde sus enormes terrazas se ríen de los agraciados.

Pero volvamos a la foto de Galdós. El gesto de la mano que sostiene el cigarro denota la destreza de unos dedos hartos de acariciar, de repasar historias truculentas en suburbios madrileños. Manos de novelista de fondo, afirmo. Hombre que ha vivido lo suyo y ha sabido plasmarlo con su rústica pluma. Nada de portátiles y notebooks y ebooks y enciclopedias online. Pluma y trabajo de calle, aplicando el oído en todo momento, mirando intensamente todo, como mira ahora a la cámara, que parece más que los ojos, ya neblinosos, están retratando al fotógrafo y a la misma cámara. Seguro que en algún desván del cerebro de don Benito está el clisé de esa toma.

Así funcionaban los verdaderos novelistas, los de siempre. Puro éxtasis de púpilas y orejas puntiagudas. ¿Qué es eso de tirar de Wikipedia, Frikipedia y culturilla de Muy Interesante? A pelo, como se lo montaba, sospecho, con la Pardo Bazán. Código Da Vinci, Harry Potter, ¡Dios! ¡Vaya perlitas! ¿Qué es esto? ¿Literatura? Y callo otros títulos, por vergüenza torera y porque este es un país cainita como sólo puede ser Spainisdifferent. Dicen que para ser poeta hay que se muy bueno, que son muchos los llamados y pocos los elegidos. Puede ser cierto. Pero lo mismo, y más, con la novela, de la que sostengo que es el género más difícil, pues como épica contemporánea no impone límites y, en teoría, se construye con cualquier tipo de materia textual. A ver, repasemos, ¿cuántos son los elegidos? Después del gran manco, Galdós; tal vez Baroja, el otro manco barbudo, García Hortelano, Marsé, Muñoz Molina, Millás... Estoy en blanco, me salen por los dedos nombres de poetas en vez de novelistas. Claro, omito a los de la otra orilla, a los Rulfo, a los Bolaño, a los Carpentier, a los Onetti. Pero estoy aquí en Spainisdifferent, en esta Castilla andaluza que es una tierra de continuos poetas. Dónde el Nabokov español, el Maugham, dónde Stendhal, el Faulkner, y ya paro con la lista.

Tampoco se trata de aniquilar las ansias noveleras de los novelistas. Se trata más bien de admirar esta foto de Galdós, su porte que intimida a la vez que te acoge como un maestro jedi. Es la foto de un equilibrista que conoce todas, absolutamente todas, las tretas de su arriesgado arte. Fijaos, sobre todo, en los botines, lustrosos, elegantes. Ya quisiera yo encontrar en las zapaterías actuales unos botines como esos, seguramente hechos exclusivamente para él, por un zapatero prodigioso (perdón por lo del zapatero). ¿Qué haría Galdós con ese par de botines hoy en día? Además de bailar en la pista del Pacha Saturday Night Fever con la rebosante Emily Brown, no dudo de que le daría un buen par de puntapiés en el trasero al otro Brown.

4 comentarios:

Luis García Gil dijo...

Oportuna y conmovedora reivindicación de Galdós, un verdadero titán de nuestras letras.
Un abrazo!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No puedo estar más de acuerdo. Estupenda semblanza.

Francisco Javier Torres dijo...

Don Benito, Rafael, se iría hoy tal vez con la homóloga jamona de Pardo Bazán, seguro, nada de Emily Brown, me temo, que es mucho burro, y con sus lustrosos botines made en Blahnik a Conneticut o a Massachussetts, eso sí, a escuchar espirituales negros. Vamos, digo yo, o a lo mejor a Somalia a que le cuente Sharif Sheid Ahmed la opresiva situación en la que viven sus ciudadanos. Sugiero (je, je). Interesante cuestión, en cualquier caso. Y si te das un paseíto tú por la calle Serrano en Madrid le podrías encargar a Manolo unos zapatitos parecidos, hombre, que a veces encuentras precios populares, galdosianos, y tal vez... :-)

Rafa dijo...

Querido Paco, mi esforzada economía no me permite unos Manolos ni de segundo "pie" (por no decir segunda mano). En cuanto a la jamelga, no cabe duda de que así sería.

(C) 2009, Rafael Ramírez Escoto

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